Lunes, 24 de marzo de 2008
- ¡ei! ¿te encuentras bien? estás amarillento, como descompuesto. si no te apetecía tomarte una cerveza, ¿por qué me lanzaste un ese-o-ese de tamaño descomunal?
- chico, es que me he despertado medieval hoy, arrastrando en un carro los cadáveres putrefactos que he ido recolectando por el camino mientras gritaba: “¡muertos! ¡traigan a sus muertos!”
- anda que no eres raro, tú. si está visto que no se te puede dar de comer después de las once… y tantos muertos, ¿para qué? - pues los he ido colocando delante de mí, como parapeto, para que me protejan de los ataques frontales, destinados a convertirme en uno de ellos.
- ¿y no te iba mejor colocarte tu armadura? ésa que llevas puesta a menudo, la que nos separa como si estuviésemos a doscientosmil quilómetros.
- ya… pero con los muertos tengo el morbo de verlos, tocarlos, jugar con ellos, rescatarlos del olvido o incluso resucitarlos, que está tan de moda en estos días…
- ¿y no estarían mejor enterrados, descomponiéndose en ese olvido del que hablas?
- vas a tener razón. levantarlos de sus tumbas no ayuda. emponzoña el ambiente y, a la larga, me hace sentir peor, dado que siento que estoy traspasando la enésima convención social.
- jo, pitufo, deberías de dejar las drogas…
Por: serpientelocuaz | hilos mentales | Comentarios (0) | Referencias (0)
