venir a la facultad el jueves santo es fantástico: no hay nadie haciendo ruido, los alumnos no entran inopinadamente en el departamento preguntando por las cosas más variopintas (“¿cómo se llega al aeropuerto desde aquí?&rdquo

, puedes escuchar música sin los cascos… pero también te encuentras con que el bar está cerrado y tienes que tomar el infame café de las máquinas del pasillo… menuda cruz!