Sábado, 16 de febrero de 2008
allá por el siglo pasado, cuando tenía dieciséis años, en la cuchipanda había un chaval que me parecía cruel. la razón de este juicio es que se burlaba de forma despiadada de todos, metiéndose con aquellas de nuestras características personales de las cuales más inseguros estábamos. y lo peor de todo, es que muchas veces éramos partícipes de sus juegos sádicos, respaldándolos con una carcajada.
provocaba tanta tensión ser el blanco de sus bromas, que todos intentábamos pasar desapercibidos respirábamos aliviados cuando era otro el escogido como víctima propiciatoria.
sin embargo, un grupo de tres empezamos una pequeña revolución silenciosa, consistente en no reírnos en absoluto cada vez que se producía un comentario similar. dicha respuesta, nos condenó, de forma tenue, a una especie de ostracismo por nuestra poca disposición a participar en las actividades grupales. pero, ¿qué le íbamos a hacer si nos gustábamos más así?
con dieciocho años conocí a maría. me caía muy bien y nos hicimos amigos. yo bromeaba con ella y, de vez en cuando, le lanzaba alguna pullita. hasta que un día, al salir de clase, me dijo que odiaba que me riera de ella porque le hacía sentirse mal. y me di cuenta que estaba comportándome como lo hizo el chico aquél. me disculpé muy sinceramente y evité volver a hacerme el gracioso para capturar su atención, sacando punta a los comentarios que ella pudiera hacer.
ahora que tengo veintiocho años he vuelto a recaer en estos momentos odiosos. para ganarme la atención de emilio, le intento hacer reaccionar, pinchándole y haciendo, cuando tengo ocasión, comentarios sarcásticos e ingeniosos. sin mala intención, sino para integrarle dentro de la panda que formamos álex y yo. y me he vuelto a pasar de la raya. el viernes me comunicó que le hacía sentir tonto. y veo como todavía no me he liberado de la urdimbre que tejió el pájaro aquél.
hoy no me siento muy a gusto conmigo mismo, por haber provocado en alguien una sensación tan desagradable. y me jode descubrir cíclicamente que soy un poco gilipollas, dando más bofetadas que caricias a las personas que me gustan y que quiero cuidar como amigos. así que tendré que replantearme seriamente cómo me comporto con y cómo quiero a los que me quieren.
ahora, pueden apedrearme si quieren. yo algún latigazo ya me he dado.
Por: serpientelocuaz | hallazgos | Comentarios (1) | Referencias (0)
Pues no seré yo quien te tire la primera piedra... no sé cómo serás con otra gente pero no recuerdo haberme sentido así contigo, como con... aquel... ![]()
Y si no, siempre puedes recordar las palabras del mayordomo de Batman en Batman Begins: "¿Para que nos caemos, señor Bruce? Para aprender a levantarnos"...
Un beso y arriba ese ánimo!
iMig | 17-02-2008 20:51:01
