Domingo, 27 de agosto de 2006
después de leerlo, reflexiono. después de reflexionar, actúo. ése debería ser el protocolo, ¿no?
¿Qué tenéis en vuestras casas que guardáis con puertas y candados? ¿Tenéis paz? ¿Tenéis (…) los arcos lucientes que unen las cumbres del espíritu? ¿Tenéis acaso la belleza (…)? ¿O tenéis solamente comodidad y el ansia de comodidad, esa cosa furtiva que entra en una casa como huésped y luego se convierte en dueño y después en amo y señor? Y termina siendo domador y, con látigo y garfio, juega con vuestros mayores deseos (…). Pero vosotros, criaturas del espacio, vosotros, inquietos en la quietud, no seréis atrapados o domados (…). No viviréis en tumbas hechas por los muertos para los vivos y, aunque magnificente y esplendorosa, vuestra casa no se adueñara de vuestro secreto, ni encerrará vuestro anhelo.
Se os ha dicho siempre que el trabajo es una maldición y la labor una desgracia. Pero (…) cuando trabajáis, realizáis una parte del más lejano sueño de la tierra (…). Y trabajando estáis, en realidad, amando a la vida. Y amarla, a través del trabajo, es estar muy cerca del más recóndito secreto de la vida. El trabajo es el amor hecho visible. Y si no podéis trabajar con amor, sino solamente con disgusto, es mejor que dejéis vuestra tarea y os sentéis a la puerta del templo y recibáis limosna de los que trabajan gozosamente. Porque si horneáis el pan con indiferencia, estáis horneando un pan amargo que no calma más que a medias el hambre del hombre. Y si refunfuñáis al apretar las uvas, vuestro murmurar destila un veneno en el vino.
Es bueno dar algo cuando se ha sido pedido, pero es mejor dar sin demanda, comprendiendo. ¿Y hay algo, acaso, que podáis guardar? Todo lo que tenéis será dado algún día. Dad, pues, ahora que la estación de dar es vuestra y no de sus herederos.
El amor no da nada más que a sí mismo y no toma nada más que de sí mismo. El amor no posee ni es poseído. Porque el amor es suficiente para el amor. Si en vuestro miedo buscarais solamente la paz y el placer del amor, entonces es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales hacia un mundo de primaveras donde reiréis, pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas.
El placer es una canción de libertad, pero no es libertad. Es el florecer de vuestros deseos, pero no su fruto. Es una llamada de la profundidad a la altura pero no es lo profundo ni lo alto. Es lo enjaulado que toma alas, pero no es el espacio confinado. A menudo, al negaros placer, no hacéis otra cosa que guardaros el deseo en los recesos de vuestro ser. ¿Quién no sabe que lo que parece omitido, aguarda el mañana?
Vuestra ropa esconde mucho de vuestra belleza y, sin embargo, no cubre lo que no es bello. Y aunque buscáis en el vestir el sentiros libres en vuestra intimidad, podéis hallar en él un arnés y una cadena. No os olvidéis que el pudor no es protección contra los ojos del impuro. Y, cuando el impuro no exista más, ¿qué será el pudor sino los grillos y la impureza de la mente? Y no olvidéis que la tierra goza al sentir vuestros pies desnudos y los vientos anhelan jugar con vuestros cabellos.
¿Y qué, sino fragmentos de vuestro propio yo, desecharéis para ser libres?
Vuestra razón y vuestra pasión son el timón y las velas de vuestra alma viajera. Si vuestras velas o vuestro timón se rompieran, no podríais más que agitaros e ir a la deriva o permanecer inmóviles en medio del mar. Porque la razón, gobernando sola, es una fuerza limitadora y la pasión, desgobernada, es una llama que se quema hasta su propia destrucción.
Cuando os separéis de un amigo, no sufráis, porque lo que más amáis en él se aclarará en su ausencia, como la montaña es más clara desde el llano para el montañés. Y haced que lo mejor de vosotros sea para vuestro amigo. Si él ha de conocer el menguante de vuestra marea, que conozca también su creciente. Porque ¿qué amigo buscaréis para matar las horas? Buscadlo siempre para vivir las horas.
Sois buenos en incontables modos y no sois malos cuando no sois buenos.
Por: serpientelocuaz | hilos mentales | Comentarios (0) | Referencias (0)
