Viernes, 28 de julio de 2006
angina (del lat. angīna, de angĕre, sofocar):
1. f. inflamación de las amígdalas o de éstas y de la faringe. u. m. en pl. con el mismo significado que en sing.
ahora resulta que ni siquiera tengo anginas, sino angina… perra vida! pero la rae tendrá la razón, que para eso la pagamos entre todos… ¿o no?
sin embargo puedo estar equivocado. a esta conclusión llegué después de haber googleado “anginas” para ver qué me estaba pasando y haber rechazado otro tipo de posibilidades (mononucleosis, meningitis, ébola, aducción…). y, además, mis anginas (mi angina, perdón, perdón) son de tipo vírico, que son más majas (y así no tengo que tomar antibióticos, ole).
hasta la fecha, para mí, las anginas era la razón para que un practicante se presentara a pinchar en el culo a uno de mis hermanos en verano. es la cosa de ser tantos, que ya no estoy seguro de cuál era. y, perra vida, vuelven, como las oscuras golondrinas, a poner nueva york en modo “héroe”. y sin pokes a la vista…
estar malo cuando era pequeño implicaba, sobre todo, aburrirse. bueno, dependiendo del orden de ponerse malo. si eras el primero, todavía recibías algún mimo especial. pero si eras el segundo o, peor aún, el tercero, estabas perdido… y yo seré siempre un tercero… mis padres, que se merecen más de un homenaje, metían al enfermo en la cama y ahí se quedaba. los otros hermanos no entraban en la habitación para no molestar y, vale que estaba llena de libros y juguetes, pero no es lo mismo…
se salvaba una partida a la oca (vieja oca en una caja verde) que nunca conseguía ganar y que provoca (todavía en el presente) amargas discusiones sobre las reglas del juego (y es “del laberinto al treinta", por júpiter). otra de las ventajas era el auténtico lujo de que te compraran un tebeo. como de pequeños compartes todo, desde los virases a los pantalones, terminábamos las semanas de gripe con una pequeña colección de zipizapes, mortadelos y sacarinos para intercambiar… también era algo mágico el vaso de leche con yema de huevo que prometo que he probado, aunque no sé especificar ni cómo ni cuándo… pero, sin lugar a dudas, lo mejor eran los delirios!! todavía recuerdo mis mejores
pesadillas febriles…
pero sí, estar malo era aburrirse en la cama sudando. y tomando unas medicinas que sabían (e imagino que sabrán, no estoy seguro) fatal. con lo cual ni se nos ocurría hacernos pasar por enfermos para no ir al cole… quita, quita! además nuestros profes eran unos sádicos y cuando se enteraban de que estabas malo, te ponían deberes!! bueno, esa parte a mí me gustaba, la de ir a ver a los profesores de mis hermanos y decirles que estaban malos que qué tenían que hacer en casa… je,je
pero aquí es distinto… el martes, cuando ya no podía más, después de haber estado tiritando y sudando en el mismo punto de la biblioteca, de que me dolieran la cabeza, la garganta (sí, sí, ya sé, una bufanda blanca), los riñones y los muslos, decidí que estaba malo. y que me iba a casa. que lo sentía un montón por los partidos americanos, pero que me metía en la cama ya-pero-ya. un rayito de cordura atravesó mi enturbiada razón: ¿qué iba a comer? ¿qué iba a beber? vaya rollo repollo! tenía que ir a hacer la compra también… zumito, fruta fresca, sopitas… cargarlo todo y subir cinco pisos mientras sentía que me iba deshaciendo por dentro… todo esto con unos 30 grados en la calle y yo con pantalones largos, camiseta y camiseta de manga larga…
me puse un vaso de zumo, unas pocas uvas y me metí en la cama dieciséis horas seguidas… ayer no salí a la calle y me fumé dos cigarros… estaba mejor, pero me seguía doliendo la pelotera… y me aburrí… ¡oh, my god! ¡cómo me aburrí! y ya sé que es el “sección 5” que me repetía en sueños… (vale, será muy friqui, pero es un apartado del voting rights act de 1965 que autoriza al congreso de los estados unidos a controlar las leyes electorales de algunos estados federados para evitar que se produzcan discriminaciones). así que resolví, hiciera lluvia o hiciera sol, que al día siguiente iba a la facultad.
y eso he hecho. y os lo cuento ahora que ya me siento bien y así mi madre no se preocupa (no te preocupes, mamá). todavía me duele la garganta pero son cinco días más de maltragar. y michel lo agradecerá.
Por: serpientelocuaz | hoja ruta | Comentarios (0) | Referencias (0)